Capital Humano para la reactivación sostenible

Publicado el lunes 31, agosto, 2020

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La evidencia sobra. La articulación virtuosa entre la formación técnica, profesional y la industria supone beneficios cuantiosos para el desarrollo de los territorios.

Al respecto, tanto las  universidades como los centros de formación técnica han dado pasos importantes en conectarse de forma eficiente con las señales del entorno laboral.  Redes de ex alumnos, bolsas laborales y consejos asesores externos, quedan bajo el paraguas de las cada vez más fortalecidas áreas de vinculación con el medio.

El desafío permanente es contar con mallas curriculares flexibles y pertinentes a las necesidades del cambiante mundo laboral, para responder a la principal expectativa de quienes se forman en sus aulas: acceder al trabajo. He aquí una primera responsabilidad social con los y las estudiantes y sus familias que ven en la educación una palanca de desarrollo personal y familiar.

Un segundo compromiso es con el territorio, contribuyendo a la diversidad formativa de los emergentes rubros o aristas productivas.  Por ejemplo, la automatización de ciertas tareas es un fenómeno inevitable y más que llorar por la pérdida de empleo, debemos pensar en cómo preparar mejor los nuevos perfiles laborales que necesitan las empresas de este siglo. Hay varios estudios que han vaticinado el impacto de la inteligencia artificial en la empleabilidad. Pero opiniones menos catastrofistas también hablan que, así como la IA destruye puestos de trabajo, también crea nuevas necesidades.

Más contingente aun es la inminente llegada del 5G. Un desafío que sin duda traerá nuevas oportunidades de aprendizaje a través de la realidad aumentada y nuevas y mejores conexiones. El desafío es tecnológico y democrático, porque tenemos que emparejar la cancha en materia de acceso y conectividad para convertir las llamadas “zonas de rezago” en “zonas de oportunidades”.

Una industria tan cambiante, requiere de formación que navegue a la misma velocidad. La educación de futuro necesita más que buenos profesores y aulas bien implementadas: exige capital humano con marcado sello de profesionalismo, calidad formativa y tecnología de última generación. Solo así lograremos graduar a profesionales conectados con las necesidades de la industria. Un desafío que siempre es difícil de cumplir y que implica una habilidad esencial (ya no podemos llamarla “blanda”) como es la capacidad adaptativa permanente.

La invitación es a vincularnos. Solo así lograremos una educación técnica profesional  sostenible.