Muy buenos días a todas y todos,
Para nosotros, en Irade, es un honor abrir este espacio que ya se ha consolidado como una plataforma de reflexión y de diálogo en torno al rol estratégico de las personas en el desarrollo de nuestras organizaciones y de la región del Biobío.
Nuestra región enfrenta grandes desafíos: competir en un mundo global donde la velocidad de la innovación no da tregua; innovar en industrias tradicionales como la forestal, la pesquera o la metalmecánica, en otros sectores nacen nuevas apuestas en energía renovable, hidrógeno verde y la tremenda potencia agroindustria de la provincia del Biobío; y al mismo tiempo, lograr que ese crecimiento sea sostenible y que genere bienestar a las miles de familias que conviven en este difícil contexto social y económico.
En esa realidad, lo sabemos bien: nada de esto es posible sin las personas.
Irade lleva casi cuatro décadas impulsando buenas prácticas empresariales, promoviendo el desarrollo de nuestras empresas y fortaleciendo el capital social del Biobío. Somos una organización que nace desde la convicción de que las empresas no son entes aislados: forman parte de un ecosistema que impacta a sus colaboradores, a las comunidades y al territorio en el que están insertos.
Nuestra misión es clara: construir confianza, generar diálogo y promover un liderazgo empresarial a la altura de los tiempos. Y si hay un ámbito donde se juega el futuro de las organizaciones, es en la gestión de personas.
Hoy no basta con producir más ni con tener balances positivos. El verdadero éxito de las compañías se mide en su capacidad de atraer, desarrollar y retener talento, de motivar a sus equipos, de generar culturas organizacionales que combinen productividad con bienestar y un buen clima laboral.
En el Biobío, más de 650 mil personas forman parte de la fuerza laboral activa. Aquí conviven grandes empresas exportadoras con pymes familiares, y todas enfrentan un desafío común: cómo gestionar equipos diversos, cómo dar certezas en medio de la incertidumbre, cómo ser competitivos en un mercado global sin olvidar el desarrollo de quienes hacen posible la producción.
Por eso quiero ser enfático: cada decisión estratégica de una empresa debe considerar la mirada del área de personas. No como un apéndice ni como un trámite, sino como un eje central en la cadena de valor de una compañía, no importando su tamaño. Invertir en nuevas plantas, la creación de un emprendimiento, la adopción de nuevas tecnologías, en abrir mercados, además de una buena planificación, debe ir acompañado de preguntas ineludibles: ¿Qué impacto tendrá en nuestros colaboradores?, ¿Cuáles son los talentos necesarios?, ¿Cómo logramos valores compartidos?, ¿Cómo movilizamos nuestros equipos?, ¿Cómo acompañaremos ese cambio?
La gestión de personas debe ser parte de la misión, de los pilares y objetivos estratégicos de cualquier organización. No podemos delegar el cuidado, la motivación y la formación en un área específica. Cada colaborador, cada jefe de equipo, cada gerente, cada director, cada uno de nosotros, debe entender que pertenecer a una organización es también un ejercicio de liderazgo personal pues, a mi juicio, todo colaborador, no importando su nivel de responsabilidad, tiene el trabajo más importante de la compañía.
Y aquí está la diferencia entre un jefe y un líder: un jefe administra recursos; un líder inspira, escucha, corrige con autocrítica y guía con visión de futuro.
En el Biobío, nuestras empresas, nuestras instituciones necesitan líderes con propósito. Líderes que sepan que en esta región conviven diferentes generaciones, todos con expectativas y lenguajes distintos.
Liderar hoy es ser puente entre esas generaciones, transformar la diversidad en innovación y colaboración. Recordemos que las empresas que han logrado integrar esas miradas son las que han sobrevivido y prosperado.
Las empresas de nuestra región están en plena transformación. Lo vemos en los diversos sectores productivos que adoptan nuevos procesos, integración de distintas tecnologías e inteligencia artificial para ser más productivos, competitivos y sostenibles.
Sin embargo, ninguna de esas transformaciones será posible si no gestionamos el cambio en las personas. Porque son ellas quienes aportan el verdadero valor.
No hay innovación sin gestión del cambio. No hay eficiencia si no logramos que nuestros colaboradores participen y se sientan parte de la transformación.
Hoy vemos con preocupación cómo el desempleo y la informalidad crecen en el país, golpeando con fuerza a las familias y generando incertidumbre en los territorios. Sabemos que la región del Biobío, que concentra más del 11% de la fuerza laboral nacional, no está ajena a esta realidad: nuestras industrias deben competir en un escenario global cada vez más duro, con costos crecientes, incertidumbre regulatoria y menor dinamismo de la inversión.
Sabemos que el país ha avanzado en transformaciones laborales significativas, como la reducción de la jornada laboral a 40 horas, la Ley Karin y otras normativas que buscan fortalecer la protección de las y los trabajadores. Estos son pasos importantes para el desarrollo laboral, pero deben considerar las distintas realidades y capacidades de las empresas. Es importante relevar que estas transformaciones deben implementarse con diálogo, gradualidad y sentido de realidad, de modo que nuestras empresas, especialmente las pymes y los sectores más intensivos en mano de obra, puedan adaptarse adecuadamente, sin afectar la sostenibilidad de las empresas, la creación de empleo ni la competitividad que requiere nuestra región y el país.
Por eso, valoramos especialmente la presencia del Ministro Boccardo y la disposición permanente al diálogo que ha mostrado. Estamos convencidos de que los grandes desafíos laborales no se resuelven desde la confrontación, sino desde la colaboración público–privada, buscando siempre un equilibrio entre derechos laborales, inversión y creación de oportunidades.
Es por ello, estimado Ministro, que debemos escucharnos y trabajar en equipo, pues de otro modo veremos más desigualdad, más informalidad, más inseguridad y más destrucción de trabajos dignos.
El Biobío tiene todo para ser un ejemplo para Chile: un territorio con vocación productiva, talento humano, una enorme capacidad de innovación y una tradición de trabajo conjunto entre empresas, trabajadores, universidades y Estado. Nuestra invitación es a mirar estos desafíos no solo como exigencias, sino como oportunidades para construir juntos un desarrollo sostenible.
En este Encuentro, queremos que la pregunta “¿Qué pasa si no cambio?” sea una provocación positiva. Porque cambiar no es solo adaptarse: es liderar, anticiparse y atreverse a transformar nuestras culturas organizacionales, poniendo siempre en el centro a las personas.
Ese es el espíritu de este Encuentro. Ese es el compromiso de Irade. Y esa es la invitación que hoy les hago: trabajemos juntos para que la gestión de personas sea la verdadera fuerza que impulse nuestro presente y nuestro futuro.
Muchas gracias.