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Discurso de Patricia Palacios Mackay, Presidenta de Irade, en EREDE 2020

Discurso de Patricia Palacios Mackay, Presidenta de Irade, en EREDE 2020

 

 

Muy buenos días a todas y todos los que nos acompañan en esta nueva versión del Encuentro Regional de Empresas, EREDE 2020, que por primera vez se realiza completamente online. Trasmitiendo desde Los Ángeles, en la hermosa provincia de Biobío de nuestra región. Aprovecho de saludar y agradecer a su alcalde Esteban Krause que nos ha facilitado las instalaciones para emplazar nuestro escenario.

El formato, que antes podía ser un aspecto secundario, hoy es crucial. Refleja una de las consecuencias de la Pandemia del Covid-19 y, a la vez, uno de sus legados: podemos estar cerca estando lejos. La interacción, el trabajo y el consumo ya no volverán a ser iguales… y nosotros tampoco. Aparecen nuevos desafíos para la Región del Biobío y se actualizan otros que estaban pendientes. El coronavirus trajo de vuelta las ollas comunes y la deserción escolar, dejando en evidencia que nuestros indicadores de desarrollo humano tienen serios vacíos. Al mismo tiempo, el estallido social del 18 de octubre de 2019 confirmó que nuestro ideal de progreso está lejos de generar consenso.

«LO URGENTE LO IMPORTANTE»

Por eso estamos aquí para dialogar y pensar; por eso EREDE 2020 se titula “Lo urgente y lo importante”.

Debemos reflexionar sobre lo urgente, porque nos embarga una crisis económica que tiene a más de 3 millones de personas sin empleo en el país y no podemos esperar que el Estado se haga cargo de sacarlas adelante sin el empuje del sector privado. Aunque también, debemos abordar lo importante, porque la pandemia nos tomó por sorpresa en medio de una crisis social, que tuvo su estallido a partir del 18 de octubre, y una crisis política, marcada por la polarización y desconfianza institucional.

EREDE 2020 es, por lo tanto, una invitación a poner el mayor esfuerzo en recuperar el empleo y apurar las inversiones, pero también a no restarnos del momento histórico que vivimos como república.Discutir de economía, pero también de política, es más necesario que nunca para encontrar juntos aquellos mínimos comunes que nos permitan crear un nuevo pacto social y así construir un nuevo Chile.

 MENSAJE A LAS EMPRESAS

Hablar de lo urgente y lo importante es referirse a la generación de inversión y empleo.

En Irade hemos trabajado en ello, manteniéndonos en contacto con la región, las autoridades y otros organismos empresariales. De hecho, junto a los líderes que son nuestros amigos y aliados me refiero a  (Corma, Asipes, CCHConstr, CPC Biobío, Asexma, Cidere, Parque Escuadron y Asem) venimos trabajando en conjunto abordando distintas aristas de la crisis. En ese contexto hemos apoyado campañas de difusión en temas de seguridad y prevención del Covid-19, realizamos estudios para conocer el impacto de la pandemia en las empresas de la zona y, también, elaboramos un documento base que presentamos al Gobierno Regional para sentar las bases para la reactivación.

Pero no nos referimos a cualquier reactivación, sino a una sustentable. ¿Por qué? Porque hace rato que ya no es suficiente cumplir la norma en materia laboral, ambiental y social; debemos ir más allá de los mínimos que nos impone nuestra legislación, y no por obligación, sino por convicción. La crisis de confianza que embarga al mundo empresarial tiene que ver, en buena medida, con la actitud de ceñirse solo a cumplir el mínimo exigido por la Ley. (y a veces menos que eso)

No se puede criticar al otro sin primero intentar ser un modelo de rol. ¿Qué queremos decir con esto? Que no basta con responsabilizar a la burocracia estatal por la tardanza en la aprobación de permisos o a las comunidades y actores sociales por oponerse a los proyectos de desarrollo. Las empresas estamos llamadas a crear y promover buenos proyectos; proyectos bien planteados y que cumplan a cabalidad con las condiciones ambientales y sociales necesarias para su aceptación y aprobación.

El calentamiento global es un problema real; por ello tenemos que tomar conciencia que el daño ambiental, aquí o allá, hoy o mañana, alguien lo pagará. Los ciudadanos ya no solo esperan que tengamos una Misión y una Visión, sino también un Propósito. Así que seamos responsables con la naturaleza, con cada metro cuadrado sobre el que generamos algún impacto, ya sea en tierra, aire o mar; con o sin pandemia. Ello también implica responsabilidad con quienes viven y transitan el territorio que intervenimos. No nos limitemos a compensar; conectémonos con las alegrías y los dolores del entorno, con los anhelos y necesidades de nuestros vecinos; conozcamos su historia, contémosles la nuestra y proyectemos juntos un futuro basado en el respeto y el valor compartido.

Las relaciones comunitarias no son una promesa ni una presentación en sociedad, no son un saludo a la bandera ni un dato “blando” difícil de ponderar en una planilla Excel. Son vínculos que se cultivan y germinan por décadas, que maduran y se enriquecen con el tiempo, y que -lo más importante- jamás se cortan. Las personas pasan, pero las obras quedan; y son las generaciones venideras las que tendrán la última palabra sobre si lo hicimos bien o mal, si fuimos justos o abusivos.

Bajo ese marco trabajamos en el Círculo de Sostenibilidad de Irade, junto a representantes de 19 empresas socias. En ese espacio se han intercambiado las buenas prácticas de cada organización y compartido los principios de Desarrollo Sostenible que emanan de la declaración de la Organización de Naciones Unidas. Aprovecho de felicitar a este grupo que hoy está trabajando en un estudio de sostenibilidad de las empresas del Biobío, que esperamos dar a conocer en los próximos meses.

Ojalá muchas más compañías con presencia en la Región del Biobío se unan a esta instancia, porque estamos seguros que ese espíritu es vital para la reactivación sostenible de la que hablamos.

MENSAJE AL ESTADO

Hablar de lo urgente y lo importante es también analizar el rol del Estado y cómo se administra. La descentralización es un lugar común hace décadas; sin embargo, con impotencia vemos que el centralismo aún nos sigue pesando.

Como muestra solo unos ejemplos recientes: El público llamado de atención de dos ministros de Estado a nuestro intendente regional, por manifestarse en desacuerdo con la aplicación del plan “Fondéate en tu casa” en comunas en cuarentena en nuestra Región. Ello refleja falta de perspectiva y sintonía regional y local; y también refleja la profunda distancia entre Santiago y las regiones, tan criticada por la ciudadanía. Por otro lado, hace solo unas semanas escuchamos rumores sobre el fin del Comité de Fomento Productivo, que de manera piloto se ha aplicado en Biobío, Antofagasta y Los Ríos, y que ha constituido un hito en la promoción del emprendimiento a través de una alianza público-privada. Esperamos no tener que lamentar el término de esta valiosa iniciativa.

El recorte del presupuesto que se administra y decide en la región atenta contra la descentralización, sobre todo en un momento en que las inequidades entre el centro y la periferia se han vuelto aún más evidentes. ¿Cómo explicar decisiones de este tipo cuando seguimos teniendo profundas desigualdades en la condición ciudadana?

Es imposible, por ejemplo, que una localidad como Tirúa crea en la descentralización cuando enfrenta serios problemas de conectividad para estudiantes y trabajadores. Es imposible que habitantes de Mulchén, Santa Bárbara, Quilaco, alberguen esperanzas en ella cuando aún tienen comunidades que reciben el agua en camiones aljibe.

Los países desarrollados se administran descentralizadamente. Es algo que la historia nos ha enseñado, pero que ya sea por capricho o ansia de poder, la clase política no termina de entender. Escuchamos repetidamente que no se puede gobernar de acuerdo a las encuestas y las redes sociales, pero estamos obligados a recordarlo y a advertir que esto también es populismo.

Nuestra región además, junto a la Araucanía, está sometida a niveles de violencia intolerables. Las razones son profundas y complejas, y exigen mayor accionar del Estado. Seguir postergando el conflicto político y heredándolo al gobierno siguiente sólo ayuda a que siga creciendo, mientras los violentos ataques atentan contra la prosperidad que anhela la ciudadanía en su conjunto, incluidas las comunidades mapuches en su mayoría pacíficas. Démosle máxima prioridad a la solución de este conflicto, tanto como si hubiera estallado en un barrio capitalino.

En Irade estamos comprometidos con la provincia de Arauco. Conocemos a sus comunidades, a través de diversos programas y consultorías. El proyecto Destino Arauco, apoyado por Corfo, busca justamente difundir la otra cara de la moneda. Las bondades de una provincia maravillosa que debemos visitar y promover. Por eso los invito a revisar el sitio web destinoarauco.cl y escoger a Arauco como su próxima ruta para cuando la pandemia lo permita.

 y Después del plebiscito ¿Qué?

Hablar de lo urgente y lo importante es, también, invitarlos a no mirar el 25 de octubre como una competencia. Tras el plebiscito no puede haber vencedores ni vencidos. Debemos dejar atrás el binomio del Sí y del No, tan lejano para nuestros hijos. O la obsoleta división derecha e izquierda, que nos pone etiquetas antes de sentarnos a conversar.

Los del Apruebo, los del Rechazo, los que se abstengan y los que aún no pueden votar, tendremos la misión de cimentar en conjunto el Chile de los próximos años a partir de ese día. Luego vendrán las elecciones municipales, las de gobernadores regionales, las parlamentarias y presidenciales y, por lo tanto, otro país nacerá de esos comicios, con las legítimas convicciones de cada uno de los habitantes de esta República.

Hablamos de un país donde el teletrabajo llegó para quedarse, donde la conectividad definirá las oportunidades de sus habitantes, donde la normalidad que conocíamos será parte del pasado, donde el sitial que ocupa la Carta Magna se abre a nuevos desafíos.

Debemos asumir que nadie es dueño de ese nuevo Chile: ni el gobierno, ni los parlamentarios, ni los alcaldes, ni los partidos, ni las empresas, ni los grupos de presión, cualquiera sea su signo. La política es de todos, la política es nuestra. Por ello estamos llamados a promover la educación cívica con mayúscula, a recuperar el diálogo por sobre la confrontación y el debate sin descalificaciones.

Lo anterior implica cultivar la templanza, la empatía y la razón por sobre la pasión. No relativizar los valores, ni los derechos y obligaciones de ciudadanos y entidades; no medir con una vara distinta al otro ni asumir que es nuestro enemigo por pensar diferente. Si creemos que la violencia no es el modo, no validemos la coerción como excepción a la regla; si vemos en el bloqueo de caminos y carreteras un atentado al desarrollo y la convivencia, no paguemos con la misma moneda cuando se trata de instalar nuestras legítimas demandas.

Marquemos la diferencia con una actitud propositiva, que no solo provenga de los gremios, las corporaciones y los centros de estudio. Las empresas necesitan salir a la cancha; liberarse de los prejuicios; asumir que la innovación no solo está en el hacer, sino también en el ser; comprender que además de gestores de una cultura organizacional, somos éticamente responsables de contribuir a la justicia y la equidad del país donde nos desenvolvemos.

¿Cómo empezar? Generando diálogos abiertos entre líderes y colaboradores, escuchando con apertura, atendiendo nuestras propias desigualdades, mejorando y en lo posible homologando las condiciones de contratistas y proveedores, poniendo atención a nuestros clientes y públicos de interés en todas las plataformas posibles.

Las empresas estamos disponibles para enfrentar los desafíos que se nos vienen pero al igual que los ciudadanos y el Estado, necesitamos un clima de paz, estabilidad y certeza jurídica para desenvolvernos.

CIERRE

Hoy en Biobío hemos trazado un plan de reactivación, ahora necesitamos fortalecer la red de voluntades que lo sustenten e impulsen.  Ahí estará nuestra misión: aportar a ese tejido denominado capital social.Por eso hoy y mañana hablaremos de lo urgente y lo importante.

En medio de una pandemia, a menos de un mes del referéndum, a la espera de una reactivación y a las puertas de un año que marcará una inflexión en nuestra historia republicana, los llamo a escuchar y pensar. Escuchar y pensar en el corto y el largo plazo, en la supervivencia y la convivencia.

Porque mostrarse receptivo y dialogar de manera respetuosa, algo que parece tan trivial y a la vez esencial, es una de las prácticas que más necesitamos para salir hoy de la encrucijada. Una encrucijada que parece encontrarnos casi cada 50 años y que debemos ver como una oportunidad y no solo como una crisis. Que haya luz al final del túnel depende de nosotros.

Hablemos entonces de lo urgente y lo importante.

¡Muchas gracias y sean todas y todos muy bienvenidos a nuestro EREDE 2020!

 

 

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