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A UN AÑO DEL ESTALLIDO

A UN AÑO DEL ESTALLIDO

 

  • Hace exactamente un año se desató el estallido social, cuyo epicentro fue la Plaza Italia y las principales ciudades del país. Las imágenes de un Chile revuelto se tomaron las portadas de los diarios del mundo, mientras la comunidad internacional se estremecía al ver en llamas al país que hasta entonces, sobresalía con destacados índices de desarrollo dentro de Latinoamérica.

Muchos cambios legislativos han ocurrido desde entonces. Hoy estamos ad portas de un proceso constituyente y se han generado innumerables debates, conversaciones, columnas, libros e iniciativas en torno al conflicto y a sus posibles soluciones.

Como organismo empresarial cuya misión es promover la generación de capital social, nos movemos entre el dolor y la esperanza.

Nos preocupa, nos conmueve y nos indigna ver cómo el terror se impone al estado de Derecho. Hoy en la macrozona de Biobío y la Araucanía somos víctimas de una violencia extrema: personas quemadas vivas, ataques incendiarios y disparos a quemarropa. No podemos acostumbrarnos a que el fuego y el miedo se conviertan en pan de cada día.

Como ciudadanos, como padres de familia, como empresarios y como trabajadores, debemos repudiar cada piedrazo contra otra persona o propiedad, porque el silencio es complicidad encubierta.

Por lo mismo queremos pedirle al gobierno y a nuestros parlamentarios que utilicen todas sus facultades para avanzar en la agenda de seguridad y orden público que nos dé garantías. A los privados se nos pide todo el empuje necesario para la reactivación. ¡Y estamos disponibles!, pero este ambiente de inseguridad es justo lo contrario que necesitamos en un país que quiere ponerse de pie.

Asímismo, creemos necesario abordar este conflicto con una mirada de Estado (Poder Ejecutivo, Poder Judicial, Parlamentarios, Ministerio Público y Fuerzas Armadas), para buscar de manera integral las soluciones que nos permitan enfrentar los profundos problemas de identidad, pobreza y marginalidad, que han abonado el terreno para mantener los niveles de violencia que hoy existen.  Los beneficios del desarrollo – tan aplaudidos por todos – son lejanos para una zona donde aún persisten problemas de conectividad para trabajadores y estudiantes y donde algunos de sus habitantes aún reciben agua en camiones aljibe.

Hoy estamos a una semana de un momento histórico en nuestra vida republicana y junto con hacernos cargo de diversas demandas, quienes lideramos equipos e instituciones, debemos ser capaces de transmitir esperanza.

Tras el plebiscito no puede haber vencedores ni vencidos. Debemos dejar atrás el binomio del Sí y del No, tan lejano para nuestros hijos. O la obsoleta división derecha e izquierda, que nos pone etiquetas antes de sentarnos a conversar.

Gane quien gane el 25 de octubre, tendremos la misión de cimentar en conjunto el Chile de los próximos años. Lo anterior implica cultivar la templanza, la empatía y la razón por sobre la pasión. Marquemos la diferencia con una actitud propositiva. ¿Cómo empezar? Generando diálogos abiertos, escuchando con apertura y atendiendo nuestras propias desigualdades.

Los invito a mirar a Chile con optimismo y ser partícipes activos de un nuevo movimiento, uno que lleve la bandera de la paz por sobre todos las otras que nos dividen. Que el día 26 de octubre las portadas del mundo hablen de Chile, pero un Chile que supo reconstruirse a un año del estallido social.

Patricia Palacios Mackay, Presidenta de Irade

 

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